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Skinner siempre presente


Hay dos grandes obras de Skinner que inciden de manera importante en la teoría de la educación: La Tecnología Educativa y Walden 2. Respecto a la primera, ni qué agregar, de sobra conocida por los pedagogos y especialistas en teoría educativa. Pero sí en cuanto a la segunda, más cercana al público universal.

Walden 2 es una obra que nos ilustra enormemente sobre la influencia de Skinner en la sociedad contemporánea. Pensar que los planteamientos del autor, enmarcados en el concepto de “conductismo”, fueron trascendidos y desechados de la práctica educativa es un gran error a mi parecer. Y es que si por educación entendemos no sólo la referida a la formación académica sino todo lo que desde nuestro entorno incide en nosotros desde la niñez, tendremos que reconocer que vivimos en una sociedad completamente skinneriana.

Desde el ámbito de la comunicación es de sobra sabido que las estrategias de la mercadotecnia y de los medios en general (que a final de cuentas no son sino instrumentos de mercadeo) la población es modelada con precisión científica en pro de conductas necesarias para el sistema de mercado y la docilidad política. La base de ese trabajo es sin duda el conocimiento que aportaron tanto Pavlov como Skinner respecto a la conducta de animales y seres humanos.


Y apetece mencionar Walden 2 precisamente porque en esa utopía Skinner, con el mejor de sus propósitos, se esmeró en modelar la forma en que sus ideas sobre la ingeniería de la conducta podrían ser aplicadas para el mejoramiento social: creando una sociedad condicionada ex profeso donde, como en el mundo feliz de Huxley, nada queda a las diferencias culturales, raciales y orgánicas de los individuos que conforman a la comunidad como hoy la conocemos en cualquier parte del planeta.

Claro —como ocurrió con los teóricos de la energía nuclear o el viejo Nietzche con su “superhombre”— Skinner no previó quiénes acabarían heredando y aplicando sus ideas. Esa aspiración suya de modelar a los individuos científicamente, a través del aprendizaje, para eliminar la mala raíz de su condición humana finalmente se revertiría para servir casi exclusivamente a los estrategas de la política, la mercadotecnia, la psicología social y la política, quienes saben muy bien qué hacer para utilizar la programación de la conducta, no para el bien humano sino para el provecho de unos cuantos. Hoy el panorama es muy claro: la Internet junto con la televisión, la cinematografía y el teléfono celular son, hoy por hoy, en su convergencia e integración tecnológica, los instrumentos maestros para aplicar con total éxito la visión de la "educación" conductista.

¿Quién puede dudar que muchos de los desarrollos postskinnerianos en materia de tecnología educativa son ahora la base de la parte más negra de la Internet y el desarrollo de aplicaciones o juegos virtuales? ¿Y quién puede negar que muchos de esos mismos desarrollos van nutriendo la socialización de la tecnología a través de las comunidades libres de Internet? Contradictorio pero cierto.

Como quiera que sea, la obra y pensamiento de Skinner no dejan de tener enormes rasgos positivos en cuanto al rumbo que toman hoy la teoría y la práctica educativas. Muchos de los modelos y estrategias (realmente emergentes en su totalidad) que se instrumentan en el e-learning en este momento abrevan en gran parte de los planteamientos skinnerianos, por completo aptos para su aplicación en la formación mediada por ordenador y por Internet, con toda la saga de aplicaciones y software con los que se modela la instrucción programada, no en rigor tal vez, pero sí con sus mejores rasgos.

A final de cuentas a la educación a distancia por Internet le es inherente de forma inevitable el uso de la tecnología de la información, la cual a su vez conlleva una alta dosis de control y el monopolio de su modelado por parte de quien la diseña y la distribuye, así como un enfoque predominante hacia la autodidaxia en lo que respecta al aprendizaje, pero con la indeludible aceptación de ciertas condiciones que la misma tecnología obliga para su uso... Puro conductismo e instrucción programada evolucionada.
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Colaboración de Margarita Fernández