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GNOSS PARA LAS COMUNIDADES DE APRENDIZAJE… NO FACEBOOK, NO TWITTER

En el ámbito de las discusiones sobre la enseñanza a distancia a través de la Internet abundan las apologías sobre las virtudes de las redes sociales como herramientas idóneas para el aprendizaje y la instrucción; se habla incluso de un “nuevo” modelo o metodología a la que se ha dado en llamar “Comunidades de aprendizaje”, basada en el uso de las redes sociales como espacios de construcción colectiva y guiada para facilitar:
  • El encuentro entre los discentes, los contenidos y los mediadores de la formación (los otrora docentes).
  • La distribución de los contenidos del aprendizaje.
  • La sistematización del aprendizaje.
  • La dotación de una plataforma intermedia para la tecnología educativa.
  • La mediación de la comunicación.
Desde esa perspectiva de uso es frecuente, por un lado, la exaltación de las redes sociales que centran su enfoque en el contacto y el intercambio personal, como Facebook y Twitter, aunque más por su predominio entre los usuarios de la Red de Redes que por su adaptabilidad como tecnología educativa; por el otro están quienes —con un análisis más centrado en la búsqueda de recursos adaptados ex profeso para la intervención educativa— promueven el uso de redes más formales y de uso específicamente profesional, como Ning, Social Go, Grou.ps y Elgg.

Facebook y Twitter, no hay que olvidarlo, surgieron a la luz como productos de mercadeo y consumo centrados en un público adolescente, preuniversitario y universitario. Son dos redes, ¿quién lo puede negar?, donde predomina el chismorreo, la informalidad más absoluta y un espíritu pleno de banalidad juvenil. Por supuesto dichas características no les quitan su posible valor para usos más “serios” (como la organización de acciones civiles), como espacios de encuentro profesional (mediante la formación de grupos de colegiación) y hasta como instrumentos emergentes de generación e intercambio de conocimiento (mediante la habilitación de grupos de trabajo académico).

En cambio, las redes como Ning, Social Go, Grou.ps y Elgg, desde su desarrollo han sido concebidas para dar cabida a completos proyectos profesionales cuya especificidad los haría perderse en el maremágnum que caracteriza a las redes de socialización. Los creadores de Ning y las otras redes nos ofrecen sus desarrollos como aplicaciones de software capacitadas para proveer espacios e instrumentos para la formación y el intercambio profesional. Si bien no cubren en rigor todas las características de los Learning Management System o LMS (como Blackboard, Chamilo y Moodle), desarrollados específicamente para la educación a distancia mediante estrategias pedagógicas de elearning, estas redes cubren con bastante capacidad los requerimientos esenciales de cualquier modelo (construccional, significativo o programado) para la autoformación y la formación mediada por ordenador. Todas ellas, sin embargo, son de pago. Y aunque no son tan costosas como los LMS comerciales, tampoco son tan económicas cuando se quiere aprovechar todos los recursos que ofrecen más allá de sus paquetes básicos.

Quizá por su gratuidad y por su ubicuidad, a Facebook y Twitter suele sobrevalorárseles como referentes válidos para la construcción de comunidades de aprendizaje. Sin embargo su estructura no fue concebida para este fin y al crearlas ni siquiera se les previó como verdaderos instrumentos de intercambio de saberes en el marco de la adquisición sistematizada de conocimiento. Con mucha imaginación, claro, es posible adaptarlas en un esquema o modelo que —junto con otras herramientas de Internet—  las convierta en el centro comunicacional de un completo eje-estrategia de formación colaborativa. Incluso, en términos instrumentales, hasta pueden ocupar un sitio importante como auxiliares de la formación presencial, pero siguen siendo dos redes centradas en la socialización, por lo que sus recursos, herramientas internas y estrategias de uso seguirán supeditadas a tal propósito. Por lo pronto, desde el punto de vista del rigor teórico-metodológico en materia educativa y como desarrollos tecnológicos, su aportación al constructo de los modelos de aprendizaje mediante elearning es realmente limitada.

El valor que se viene otorgando a Facebook y Twitter para la formación académica parece provenir de un falso juicio fundado en el erróneo enfoque instrumentalista de la difusión de la tecnología educativa. No hay que olvidar los viejos pero no muy lejanos tiempos de las nuevas tecnologías de la información como auxiliares de la educación. La llamada “computer assisted instruction” o “enseñanza asistida por ordenador” fue el principio del modelo.

Con el impulso de las máquinas de enseñar como soporte de transmisión de información en las técnicas de enseñanza programada, los ordenadores electrónicos o computadoras comenzaron a posicionarse de manera importante en el mundo académico hacia mediados de los años sesenta. Al paso del tiempo el ordenador demostró ser un instrumento de enorme versatilidad, útil como recurso planificador de la instrucción y herramienta instruccional, y hasta como instrumento administrativo y plataforma de concentración para otros medios de la tecnología educativa.

No obstante, desde sus primeros tiempos la difusión del ordenador y sus posibilidades en el mundo educativo se centraron en sus virtudes instrumentales, pasando a segundo término la importancia central del enfoque pedagógico y la capacitación en dicho enfoque, que debía ser el punto de partida. El instrumentalista es un enfoque que aún prevalece (Enciclomedia en México, entrega masiva de ordenadores a los profesores en España, una computadora por niño en varios países de América Latina) y que imperceptiblemente está influyendo en la discusión sobre la Internet y las redes sociales como instrumentos de la formación. De ahí la sobrevaloración de Facebook y Twitter.

Habría que recordar que la actual tecnología educativa (como disciplina en sí misma y como instrumento para la formación) proviene de las técnicas de programación y organización, sumadas a las de información y comunicación, fortalecida y transformada permanentemente por una diversidad importante de medios que se le han integrado, además de importantes entornos de desarrollo (como la telemática y la programación de interfases) y complejos paradigmas (como la Gestión del Conocimiento y la Teoría de Sistemas). Todo ello —técnicas, medios, entornos y paradigmas— han aportado soluciones concretas a viejos problemas de la intervención educativa.

Luego entonces, la “Tecnología Educativa” es generadora de cambios y transformaciones en las formas de acceder al conocimiento y hasta en el rumbo mismo de la cultura y la civilización. Pero siempre, siempre, supeditada a los paradigmas de las ciencias —en nuestro caso las de la Educación y sus contribuyentes de la Información y la Comunicación— cuyo conocimiento y prácticas se encarga de concretar la dicha tecnología educativa.

No está de más recordar la definición que se promovió en la Reunión Nacional de Tecnología Educativa, en Madrid, hacia febrero de 1976, que no por añeja menos certera:

“Una forma de diseñar, desarrollar y evaluar el proceso total de ‘enseñanza-aprendizaje en términos de objetivos específicos, basada en las investigaciones sobre el mecanismo del aprendizaje y la comunicación, que, aplicando una coordinación de recursos humanos, metodológicos, instrumentales y ambientales, conduzcan a una educación más eficaz” (Diccionario de las Ciencias de la Educación, Santillana, 2003).
¿Su expresión más acabada? Al decir de Aránzazu Aguado Arrese, durante mucho tiempo jefe del Departamento de Tecnología educativa de la Universidad Complutense:

La acción que vierte en “el diseño y puesta en marcha de sistemas de instrucción, con una decidida acentuación de los objetivos mensurables y precisos, centrados en el sujeto que aprende; la evaluación empírica de la tarea educativa, y, en ciertos casos, el empleo de equipo (…) como apoyo”.

No podemos, pues, enfrascarnos en la dilucidación del valor y elección de redes como Facebook y Twitter para la educación si antes no hemos puesto en claro el papel de la tecnología educativa en nuestros propósitos educadores. Incluso hasta habría que retrotaernos a las posturas de algunas autoridades en la materia, como Henri Dieuzeide, quien planteaba que debemos visualizar a la tecnología educativa desde dos perspectivas: tecnología en la educación y tecnología de la educación. De la primera decía que se trata de la incorporación del instrumental técnico al servicio de una mejora del proceso didáctico; de la segunda, que encierra todo un enfoque de los problemas educativos a partir del análisis de sistemas.

En otras palabras: un buen enfoque de tecnología educativa es aquel que se plantea la incorporación del instrumental técnico a la didáctica desde una perspectiva sistémica. Desde este punto de vista, la elección tecnológica es el paso final a considerar, como subsistema de un sistema mayor que es el de la organización toda de la acción educativa, en la que antes se habrá incluido el análisis del modelo pedagógico, las estrategias didácticas, el diseño instruccional y la comunicación educativa… Subsistemas paralelos y anteriores en importancia al de la tecnología. Al último: las herramientas que apoyarán los procesos.

¿Cómo entonces podríamos interrogarnos sobre el valor de una u otra red social para la acción educativa? En el peor de los casos, cuando nos lo impongan las circunstancias (llámense política educativa, normativa de sector, planeación sectorial, pobreza endémica de las instituciones educativas, falta de capacitación del profesorado, etcétera) y no tengamos más opción que la de escoger emergentemente el uso de un determinado instrumento, habrá que inclinarse por la tecnología con mayor capacidad integradora, aquella que maximice las posibilidades y los recursos en apego a nuestra especialización, sostenida por la teoría y la práctica educativas. No es el caso de Facebook ni de Twitter. Y, aunque en mucho menor medida, tampoco lo es de Ning y las otras redes de pago aquí mencionadas. ¿De dónde escoger entonces?

La respuesta es simple: si queremos una red social apta para la creación de comunidades de aprendizaje en Internet, apegada al enfoque científico de la educación y desarrollada con el fin específico de generar, organizar, distribuir, documentar y regenerar conocimiento, no hay más que pensar en los principios y características esenciales de la educación a distancia. Debe ser una red social que los implique en su planeación y diseño, en la suma de sus herramientas y en la adaptación a los más actualizados modelos pedagógicos, tanto desde el punto de vista del diseño instruccional como desde la perspectiva de la tecnología educativa.

En su modalidad de acción mediada por ordenador y redes telemáticas debe tratarse de una red social que no sea ajena al modelo más general de educación a distancia. Es decir, que la considere como:
  1. Un proceso que recurre a diversos medios de comunicación social (en Internet: canales de video/TV, archivos de imagen y textos, canales de sonido/Radio Podcast, etc.).
  2. Una estrategia amplia que se dirige a alumnos ubicados muy lejos geográficamente unos de los otros (ahora con la conexión a Internet, cada vez más accesible a población de bajos recursos).
  3. Un modelo propiciado por tres razones fundamentales:
  • Sociales: facilitar la superación cultural a quienes no pueden recibir una educación académica formal (la autodidaxia se convierte en la principal destreza para el modelo y la institución educativa reserva su acción a la de regulación, normativa, organización de los aprendizajes y, en su caso, validación de los saberes).
  • Técnicas: poner los avances tecnológicos al servicio de la educación para potenciar y mejorar las formas, métodos y medios de la comunicación educativa (la Internet, a través de una red social y en forma paralela mediante otras aplicaciones, nos provee con una integración de medios nunca antes soñada).
  • Económicas: abatir los costos y, por ende, permitir la más amplia difusión de la acción educativa (con las reservas del caso, basta con un ordenador y una conexión a Internet para integrarse en un proceso de enseñanza a distancia mediada por redes telemáticas).
Ya existe una red con tales características. Se llama Gnoss, está en español, por el momento es de acceso gratuito y, lo mejor, acoge importantes proyectos e investigaciones y convoca y congrega a destacados y activos investigadores educativos de todo el mundo. Pero sobre todo: es un proyecto en constante transformación en apego a los avances en materia de Gestión de Conocimiento, la aplicación de la Teoría de Sistemas como uno de los fundamentos del diseño educativo y la construcción de la Web Semántica como fin último de construcción colectiva desde la investigación científica.

Armada con recursos específicamente planeados para la acción educativa a distancia, en Gnoss no sólo pueden crearse comunidades de estudio e intercambio académico. También pueden integrarse redes internas de formación, grupos de gestión de proyectos (educativos o no) y medios de comunicación para las comunidades en su interior.

Todavía más: pueden crearse esquemas de gestión del conocimiento basados en taxonomías, folcsonomías y algunos métodos de las ciencias de la documentación, lo cual nos permite convertir a Gnoss en un centro de operaciones para la investigación y la docencia desde distintos puntos de vista: el que se enfoca en la gestión de la informacion y contenidos, el que apunta hacia el modelado organizacional y el que se centra en la administración de los procesos académicos. La red está preparada para todo ello, incluyendo un avanzado motor de búsquedas semánticas.

Las necesidades de modelado de un sistema de educación a distancia mediante comunidades de aprendizaje pueden cubrirse perfectamente en su plataforma pues muchos de los recursos técnicos necesarios para un diseño instruccional on line están presentes en Gnoss, tanto teórico-conceptuales como técnicos.

Entre otros: blog, grupos, mensajería, intercambio de contenidos, almacenamiento y distribución de contenidos y multimedia, inscripción controlada, creación de aulas, cuentas institucionales, de profesor y de alumno, buscadores integrados, categorización de información, espacios de publicación separados por cuentas, herramientas para diagnóstico en proyectos (DAFO-FODA), encuestas, creación de organizaciones, difusión mediante widgets, manejo de marcadores, seguimiento de publicaciones, privatización o liberación de recursos, manejo de metadata en todos los recursos, niveles de acceso por permisos de publicación, comentarios, votaciones… y mucho más.

¿Cabe alguna duda? La única red social con verdadero enfoque educativo y de construcción de conocimiento en el panorama hispanoparlante y tal vez más allá... es Gnoss.


El video del post. Entrevista de Gnoss a Ramón Flecha: