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Miradas que matan

 Para todos los que alguna vez hemos abrevado en las fuentes del pensamiento no violento (Gandhi, Lanza del Vasto, Tolstoi, Luther King, Gene Sharp, Adolfo Pérez Esquivel) no deja de ser un regalo toda reflexión escrita sobre las posibilidades del ser humano para llevar su vida en sana paz, a favor de sí mismo y de los otros en términos de igualdad, con dignidad y sin ceder un ápice en los derechos de cada cual.

A partir de las valiosas enseñanzas de estos gigantes de la historia surgen mil y una preguntas cuyas respuestas solemos convertir en máximas axiológicas de aplicación concreta. Podemos preguntarnos, por ejemplo, "¿es posible una sociedad en la que no se mate?".  Interrogación profunda que la realidad cotidiana nos responde una y otra vez negativamente. Tal vez, pero pese a ello nosotros mismos podemos construir la respuesta afirmativa para refutar a esa realidad que nadie nos dio a escoger, cuando menos desde lo más profundo del sentimiento utópico y la intimidad de nuestras aspiraciones, que ya es mucho decir.

Y es precisamente esa interrogante la que da título a un interesante libro que nos presenta como propuesta central la transformación de la Ciencia Política en un instrumento para la construcción de una sociedad más que no violenta, una sociedad que se niegue a matar.

¿Es posible una sociedad en la que no se mate? es todo un argumento bien fundamentado que se constituye en una de esas deseables respuestas afirmativas ante la necrofilia rampante del sistema mercantil globalizado que hoy nos impone un futuro desesperanzador.

Glenn D. Paige, el autor, considera el concepto de “matar” no sólo como el verbo que designa literalmente la acción de quitar la vida, sino también, extensivamente, cualquier conducta que indirectamente contribuye a disminuirla, obstruirla o negarla en cualquiera de sus manifestaciones.

Es así como desde la introducción del libro (escrita por James A. Robinson), se nos advierte sobre la común falla de juicio que consiste en pasar por alto las múltiples formas del "matar" que son socialmente aceptadas y que debiéramos eliminar absolutamente de nuestras prácticas comunitarias y hasta del imaginario social. Porque ahí están, junto a nosotros en la vida diaria, emergiendo desde los abusos individuales y colectivos en el espacio familiar y comunitario hasta los abusos legalizados del poder, en la política y la econonomía.

Nos dice el autor de la Introducción:

El libro que tiene en sus manos (…) ha de revolucionar ciertos valores predominantes a nivel global, así como las instituciones que los conforman. Entre estos valores, objetivos, preferencias, resultados exigidos, eventos y actos, así como sus correspondientes instituciones, están todos aquellos relacionados con la conquista y el uso del poder. El término “poder” designa los procesos a través de los cuales las personas participan en la toma de decisiones por sí mismas y por los demás que los obligan a aceptarlas, por coerción, si es necesario (...).

Las instituciones asociadas a los valores del poder incluyen mucho más que los gobiernos y sus representantes, encargados de tomar las decisiones de hacer la guerra y aplicar sanciones severas —incluyendo la muerte— a todos aquellos que no se adaptan al orden público vigente. Interactuando con estas instituciones de poder, están las economías de empresarios organizados, algunos de los cuales producen riquezas gracias a la invención, la manufactura, la venta y las amenazas de usar armas; las universidades en cuyas facultades algunos miembros creativos desarrollan investigaciones y diseñan estrategias de fuerza y “diplomacia coercitiva”; asociaciones de atletas y artistas con talento, incluyendo a aquellos especializados en juegos y entretenimientos violentos; clínicas y hospitales con personal sanitario y venerados médicos que practican abortos y asisten la eutanasia; sociedades no tan secretas o “ejércitos privados” cuyos integrantes construyen y usan armas letales desafiando a los gobiernos o contando con su cooperación tácita; familias cuyos miembros llevan a cabo o toleran el abuso entre sí, en algunas culturas incluso aceptando el asesinato de esposas, hijos o cuñados; así como ciertas organizaciones religiosas cuyos fieles aprueban el asesinato de aquellos que se desvían de sus doctrinas, fórmulas y advertencias legales.

Del mismo modo que cada uno de los grandes sectores de una sociedad presupone una actuación en los procesos de poder —y se comprometen con ellos— dentro de sus comunidades, cada sector realiza la labor de supervisión, regulación, uso y corrección, tanto con acciones positivas como negativas, y en ocasiones recurriendo a matar. Es el caso del personal de seguridad que realiza funciones para una corporación, una universidad o un artista; en hospitales y clínicas e, incluso a veces, en comunidades familiares e iglesias. Las interacciones entre esas instituciones de poder y otras instituciones sociales, en la medida en que incluyen la muerte o amenazas de muerte, constituyen un problema para las sociedades modernas y posmodernas, tal y como han apuntado competentes observadores (…).

El profesor Glenn D. Paige confronta sistemáticamente la dimensión individual, comunitaria y global del problema del matar y de las amenazas de matar en el ámbito del comportamiento humano. Define, de este modo, el núcleo del problema, demostrando las discrepancias empíricas y lógicas entre las demandas, exigencias y preferencias compartidas ampliamente por la humanidad, incluyendo el derecho a un mínimo de dignidad ciudadana por un lado y, por otro, las eventuales contradicciones y la denegación de los objetivos y metas fundamentales en prácticamente cualquier nivel de organización social —grupos pequeños, pueblos, naciones del mundo—, así como por una gran variedad de instituciones gubernamentales, económicas, educativas, médicas, sociales, familiares y religiosas.

Todo esto y mucho más forma parte de las múltiples formas del matar, que para muchos no son más que pequeños "defectos tolerables" de la conducta humana en su desempeño social, pero que realmente constituyen la base y justificación de una cosmovisión negadora de la vida, que no debemos aceptar bajo ningún argumento.

¿Cómo resolver este profundo abismo de carencia? Paige nos propone resolverlo mediante el estudio y el ejercicio de una Ciencia Política reconstituida para el no matar; éste es, en su convicción, el mejor instrumento para lograrlo pues se halla en el centro mismo del ejercicio del poder.

Al respecto, Robinson complementa al autor:

… ha faltado a los hombres y mujeres de todo el mundo un repertorio efectivo de aproximaciones para la resolución de problemas, así como las herramientas para analizar, anticipar y adoptar las vías políticas alternativas que pudiesen disminuir de forma más efectiva las probabilidades del matar para, de ese modo, aumentar progresivamente las posibilidades de emergencia de los modelos de interacción humana del no matar, afectando, con ello, a todos los valores en todos los campos.

Y glosando al mismo autor que introduce subraya cómo ese repertorio abarca el conocimiento y las habilidades acumuladas en la academia y los ámbitos profesionales, cuyos protagonistas muchas veces usan sus habilidades para “prever o proyectar los caminos de las tendencias del matar” en ausencia de “intervenciones” que opongan resistencia a las conductas perversas para reforzar las positivas.

En pocas palabras, señala a los intelectuales y los científicos su necesario protagonismo para cambiar las ciencias e impulsar las condiciones y las posibilidades humanas en pro de una cosmovisión del “no matar”. Se trata ante todo de enaltecer la dignidad humana, pero con el apoyo de un nuevo paradigma científico que represente “una formidable alternativa en compensación a los expertos en violencia que convirtieron el último siglo en una de las eras más sangrientas de la historia de la humanidad”.

Podríamos pensar que Paige, desde su postura de científico de la política, es además un apologista de las utopías de la intelligentsia, un intelectual que de algún modo retoma los viejos enfoques que genialmente expusieron pensadores fuera de su tiempo, como Tomás Moro en su Utopía, Tomás Campanella en su Ciudad del Sol, Hermann Hesse con su Sociedad Castalia en El Juego de Abaloríos o Aldous Huxley en su novela La Isla...

Y no nos equivocaríamos, porque con su propuesta retoma de algún modo la vieja aspiración nunca cumplida de los sabios dirigiendo al mundo, pero ahora desde el afán creador de un paradigma científico que logre domar a los monstruos del sueño de la razón; un paradigma aún inexistente pero que la teoría del Pensamiento Complejo, de Edgar Morin, gesta y prefigura perfectamente.

No hay mejor pretexto que el libro de Paige para transitar nuevamente por los vericuetos de esa ancestral propuesta del mejoramiento humano desde la apropiación del conocimiento. Es el concienzudo trabajo de un politólogo que intenta contribuir realmente a la construcción de una nueva memética de lo social desde su humilde puesto en la disciplina de la Ciencia Política.

Las bases sólidas de conocimiento sobre las vías posibles de evolución apegada al no matar son uno de los más poderosos instrumentos para impulsar el cambio de la humanidad hacia estadios ética y socialmente más avanzados. Desde los terrenos del pensamiento científico refundado se puede facilitar la contrucción de los medios para lograrlo, y Paige se aboca a ello con la mejor aspiración humanista de su terreno profesional.

Nota: la versión al español ha sido hecha por la traductora Iolanda Mato Creo, de cuyo trabajo hemos extraído las citas presentadas en esta reseña. La versión en español se halla aún en proceso de edición.



Fotografía del post: Fotografía del post: "Peace and Love", de Julia's Photography.